PARVOVIRUS B19 Y EMBARAZO

¿Cuáles son los síntomas?
Los síntomas pueden variar de persona a persona y alrededor de la mitad de los niños y adultos infectados con parvovirus no presentan ningún síntoma (aunque estén contagiados). Durante las primeras dos semanas después de haber estado expuestos, es posible que se manifiesten algunos síntomas leves, como fiebre, malestar, dolor de cabeza, cansancio, mucosidad en la nariz o dolor de garganta.
Generalmente, alrededor de una semana después de la manifestación de estos síntomas, los niños con la quinta enfermedad presentan una erupción facial de color rojo muy particular, que se asemeja al aspecto de los cachetes cuando reciben una bofetada, seguida de una erupción que también puede aparecer en el tronco y en las extremidades. Cuando se presenta esta típica erupción facial de color rojo, ya no es contagiosa.
La erupción generalmente desaparece en una o dos semanas pero puede durar más tiempo o volver a aparecer de manera intermitente durante los próximos meses, posiblemente por efecto de la luz solar, el calor, el frío o el ejercicio. (Durante estas reapariciones, la persona no contagia.) Los niños con la quinta enfermedad también pueden presentar dolor en las articulaciones, si bien no es común.
Los adultos infectados generalmente no presentan la erupción característica en las mejillas, que se parece a una bofetada. Lo más común es que, si llegase a haber una erupción, sea una manifestación más suave.
Las mujeres en particular son propensas a tener un dolor en las articulaciones similar al de la artritis. La mayoría de las veces afecta a las articulaciones pequeñas de las manos, la muñeca y los tobillos y a veces las rodillas, y generalmente desaparece en algunas semanas, aunque puede persistir o volver a aparecer durante meses o incluso años.
Si una mujer embarazada resulta infectada con el parvovirus B19, esto le puede causar daño considerable al feto. Por lo tanto, cualquier mujer en embarazo que crea que puede haber estado en contacto con una persona que tenga este virus debe consultar con su médico.

La mayoría de los adultos parecen tener anticuerpos contra el parvovirus B19 en sus cuerpos. Esto indica que la mayoría de las personas ha estado expuesta al virus y sugiere también que muchas infecciones pasan inadvertidas.
¿Cómo puede contagiarse una mujer embarazada?
Por la exposición al virus por el contacto aéreo con niños enfermos.  Por eso se recomienda a toda embarazada evitar el contacto con niños pequeños con fiebre o cuadros respiratorios agudos. Cuando una mujer embarazada está expuesta al virus de la quinta enfermedad debe realizar una consulta médica en forma inmediata para realizar un test en sangre que demuestre si está inmunizada o corre riesgos de infección.
¿Cómo se diagnostica?
Tu médico te solicitará por los signos y síntomas clínicos, una analítica en sangre determinando anticuerpos de Parvovirus B19 (Ig G e Ig M) para descartar que se trata de una infección aguda que puede pasar al feto o si por el contrario se trata de una infección antigua y tienes anticuerpos protectores contra este virus.
¿Qué efectos produce en el embarazo?
Puede producir efectos importantes aunque en forma poco frecuente, ya que puede afectar

la salud de feto produciendo anemia fetal e incluso provocar su muerte intrauterina. Cuando la madre adquiere la enfermedad sólo 1 de cada 3 fetos pueden infectarse.

Pero afortunadamente, la afección grave descripta como hidrops fetal (feto edematizado de forma generalizada como secuencia de la anemia) con posible muerte intrauterina, se da en 5 de cada 100 fetos infectados. En algunos casos, aún con el desarrollo de hidrops fetal, se ha observado regresión espontánea con recién nacidos sanos.  Su diagnóstico va encaminado a realizar transfusiones intrauterinas en casos graves de anemia fetal.
Si los resultados de los análisis de sangre confirman que te has infectado, se te harán una serie de controles ecográficos especiales para verificar si hay exceso de líquido en los tejidos del bebé (hidrops fetal) y también si hay otros indicios de algún problema, como demasiado líquido amniótico o la placenta demasiado grande e hinchada.
La ecografía Doppler, una prueba no invasiva que utiliza la técnica del ultrasonido, puede hacerse simultáneamente para controlar el riego sanguíneo del bebé y verificar si existen signos de anemia.
Si tu bebé continúa bien y no presenta ningún problema después de varios meses, trata de no preocuparte, pues las probabilidades de que aparezca más adelante un problema relacionado con el parvovirus son muy pequeñas.
Sin embargo, si el análisis revela la presencia de anemia o hidrops fetal, el próximo paso puede ser practicarte una prueba invasiva (cordocentesis) que introduce una aguja en el útero guiado por la ecografía y extrae sangre del cordón umbilical del bebé para analizarla y verificar el grado de amenia.
En caso de anemia grave, puede entonces recomendarte una transfusión fetal, en la que se transfunde sangre a la vena umbilical del bebé.
 

 

Aunque el procedimiento presenta ciertos riesgos, mejora el índice de supervivencia de los bebés gravemente infectados.
Por otro lado, si la anemia es leve y la hidropesía parece estar mejorando sola, pueden simplemente seguir vigilando a tu bebé mediante ecografías comunes y ecografías Doppler. En la mayoría de los estudios, los bebés que se infectaron durante el embarazo y sobrevivieron no presentaron mayor incidencia de anomalías congénitas o problemas de desarrollo que aquellos cuyas madres no estaban infectadas.
 
¿Puedo hacer algo para evitar contagiarme?
Es difícil evitar la exposición, ya que el contagio se produce antes de que se manifiesten los síntomas de la enfermedad (y algunas personas no presentan ningún síntoma). Sin embargo, puedes reducir el riesgo de contraer parvovirus y otras enfermedades infecciosas de la siguiente manera:
  • Haz todo lo posible para mantenerte alejada de las personas que presenten síntomas similares al virus.
  • Lávate las manos con frecuencia y siempre después de limpiar narices o tocar pañuelos de papel de niños que están enfermos o que han estado cerca de otros niños enfermos.
  • No compartas la comida, los cubiertos ni los vasos.
     
    Artículo escrito por Dra. Cabrera Salinas para Namunvida
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